Introducción
La grave situación ante la que nos encontramos es el resultado de una escalada represiva que arranca, cuando menos, con una brutal carga policial en una protesta antifascista, en septiembre de 2005 en Cangues d’Onís, y la posterior aplicación de la ley antiterrorista a un joven independentista.
La lista de personas detenidas, multadas, procesadas o pendientes de sentencia es ya lo suficientemente larga como para pensar que esta dinámica no va a terminar con el caso de los dos sindicalistas encarcelados el pasado 16 de junio. Es más, mucho nos tememos que las cosas se pueden poner aún peor cuando desaparezcan la luz y los taquígrafos.
Quienes suscribimos estas líneas consideramos necesario articular respuestas que vayan más allá de los casos puntuales de represión, sin por ello dejar de afrontar sus consecuencias más inmediatas, aquí y ahora.
Pensamos que este es un buen momento para realizar propuestas,
pero propuestas que tomen en cuenta el camino recorrido hasta el momento. Por
ello, buena parte del documento consiste en un recorrido por intentos
anteriores de organizar respuestas ante la represión que nos golpea. Aunque
muchos los hemos vivido en primera persona, no pretendemos imponer una versión
unilateral de lo sucedido en los últimos años; tan sólo expresar nuestro punto
de vista y nuestra experiencia, al igual que otras personas y colectivos lo hicieron
antes. Entendemos que sólo así es posible establecer un diálogo honesto, ya que
si no partimos de ningún lado nunca llegaremos a ninguna parte.
Por si esto fuera poco, la polémica abierta en torno a la película de Lucinda Torre “Resistencia”, sobre la lucha protagonizada por el colectivo de despedidos de Duro Felguera, vino a recordarnos que los conflictos sociales no se desarrollan exclusivamente en las calles. Con el paso del tiempo, la lucha en torno a la reconstrucción de la memoria adquiere una relevancia simbólica comparable a la del propio conflicto, ya que en muchas ocasiones el olvido se disfraza de conmemoración. Por ello, creemos necesario acostumbrarnos a reconstruir colectivamente nuestra historia, incluyendo las divergencias y los desencuentros, antes de que alguien venga a hacerlo por nosotras.
Este mar, cada vez guarda más barcos hundidos.
Fito y los
Fitipaldis
Volver la vista atrás para anticipar lo que nos espera
1.1 FUSOA y el intento de relanzar una caja de resistencia (verano de 1998)
En 1998, a partir de la campaña de solidaridad con los despedidos de Duro Felguera, un grupo de gente joven trata de relanzar el FUSOA (Fondu xUnitariu de Solidaridá Obrera d’Asturies), histórica organización que había sido el referente en Asturies de la lucha antirrepresiva durante la dictadura franquista.
Desde entonces, el FUSOA ha apoyado a diversos colectivos en lucha, financiando su actividad a partir de la emisión de bonos, la recogida de botes en los bares, la edición de materiales, la organización de conciertos y la colaboración con otras cajas de resistencia (Valladolid, Madrid y Catalunya principalmente), etc.
Diversos factores dificultarán que esta organización se convierta en el referente compartido de la lucha antirrepresiva y llegue a tener el alcance necesario para afrontar los casos de represión que se sucederán en estos años. Por un lado, las organizaciones sindicales no se comprometerán con un proyecto de caja de resistencia que no forma parte de sus estructuras; por otro la quiebra generacional dentro de los movimientos sociales reducirá su marco de actuación a un ámbito eminentemente juvenil, con dificultad para tener presencia y relaciones estables propias dentro del movimiento obrero; además, los diferentes casos no serán abordados desde una perspectiva general, sino que en cada ocasión se establecerán mecanismos de defensa jurídica y apoyo económico específicos, restándole protagonismo a un espacio unitario. Por otro lado, las actividades de denuncia impulsadas desde el FUSOA tampoco cuajan más allá de la difusión de carteles y pegatinas, así como la convocatoria de actos de protesta puntuales, o la folixa del 1u Mayu.
Con todo y con eso, a día de hoy es la organización que ha
mantenido una mayor continuidad en la lucha antirrepresiva durante estos años.
Claro que lo entiendo, incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que traigan a un niño de cinco años!
1.2 El caso de Primitivo (Marzo de 2001)
En mayo de 1992, tres personas agredieron a un ingeniero técnico del pozo Candín en el contexto de un conflicto laboral. A instancias de la policía, el agredido afirmó reconocer a un dirigente sindical de la CSI, José Primitivo Rodríguez, como uno de sus agresores, aún cuando sabía que éste se encontraba trabajando en ese preciso momento. A pesar de que fueron suficientes cuatro puntos para suturar la herida superficial provocada, el ingeniero tampoco dudó en permanecer 18 meses de baja, transformando una agresión leve en una “paliza” en toda regla.
La empresa despidió a Primitivo, pero un juzgado de lo social obligó a readmitir al minero, al aceptar como prueba las declaraciones de sus compañeros que confirmaban que, tanto él como el otro trabajador acusado, estaban trabajando cuando el ingeniero fue golpeado. Esta sentencia absolutoria será de nuevo confirmada a instancias de un segundo juicio, recurrido por HUNOSA ante el Tribunal Superior de Justicia de Asturias que dictaminara otra vez su inocencia.
Sin embargo, fue de nuevo acusado ante la jurisdicción penal y sometido a juicio en enero de 1995. Esta vez el tribunal dio más valor a la palabra del ingeniero que a la de los mineros: la condena final fue de 4 años de cárcel y 5 millones de pesetas. Los ocho compañeros que declararon estar trabajando con él fueron procesados por falso testimonio.
Todo ello a pesar de que todas las indagaciones anteriores confirmaban sobradamente la versión del trabajador. No nos es posible extendernos en los detalles de este caso, pero constituye un ejemplo de la subordinación de los mecanismos judiciales a la lógica de la criminalización: era suficiente que Primitivo y algunos de los testigos que defendían su versión estuviesen afiliados a la CSI para que fuese condenado. Cabe destacar que mandos de Hunosa testificaron a su favor corroborando el hecho de que en el momento de la agresión al capataz se hallaba en el pozo junto a ellos; la empresa ejerció presiones sobre estos mandos por el hecho de decir la verdad.
A mediados de mayo de ese mismo año, fue encarcelado en la prisión de Villabona, dando inicio a una huelga de hambre que mantuvo durante 31 días. Meses más tarde, será admitido un recurso ante el Tribunal Constitucional, por lo que la sentencia quedó en suspenso. Sin embargo, ya en marzo de 2001, el citado tribunal desestimó el recurso por lo que fue encarcelado de nuevo para cumplir lo que le quedaba de pena, (un total de 4 años y 18 días), a pesar de su inocencia probada en reiteradas ocasiones; rompiendo así la presunción de inocencia y la tutela judicial afectiva.
Recordemos que el entonces fiscal jefe de Asturies, Valero Oltra, pidió a los jueces mano dura contra los obreros “para evitar que esto se convierta en Sarajevo”. Rafael Valero Oltra, que durante 13 años ejerció como Fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Asturies (TSJA) recibió el 9 de octubre de 2003 un homenaje con motivo de su nombramiento como inspector jefe de la Fiscalía general del Estado. Su sucesor en el cargo fue Gerardo Herrero, encargado de acusar años después a los sindicalistas Juan Manuel M.M. y Cándido G.C.
Viéndolo retrospectivamente, cabe preguntarse por qué, a pesar de todo lo sucedido y las similitudes que guarda con casos posteriores, Primitivo no recibió el mismo caudal de solidaridad que recibirán años después Cándido y Morala, sino todo lo contrario, incluidas determinadas acusaciones personales, poco creíbles tras su paso por prisión e irrelevantes, en todo caso, en términos políticos para el desarrollo de la lucha antirrepresiva en Asturies.
La manifestación convocada por el FUSOA el 21 de junio de 2001 en Llangreu fue quizás la principal respuesta pública a esta condena, cuyos efectos económicos y coste personal aún siguen vigentes a día de hoy (incluidos los intereses generados por la multa). La dirección de la CSI no secundó la manifestación dando incluso la consigna de no asistir. ¿No interesaba entonces que un caso de represión como éste trascendiera públicamente?
1.3 Plataforma por Victor José (Mayo de 2001)
El día 10 de febrero de 2000, en el contexto de las movilizaciones por el despido de 91 eventuales de Naval Xixón, es detenido Victor José C.G., hijo de uno de los trabajadores del astillero (miembro relevante de la CSI en el sector naval). El fiscal, basándose en las declaraciones de seis agentes antidisturbios, solicita una pena de cuatro años de prisión como presunto autor de los delitos de desobediencia a la autoridad, desórdenes públicos y lesiones a seis policías.
El contraste con el caso de Primitivo es significativo, tanto más en cuanto que coincidió prácticamente en el tiempo. Mientras que la dirección de la CSI dejaba a un lado la situación de Primitivo, al menos de cara a la galería, la sección sindical de Naval Xixón ponía a trabajar a todo el sindicato en torno al caso de Víctor José.
En cuanto al planteamiento de la campaña de solidaridad, fue lo más parecido al planteamiento de la Plataforma formada a partir del caso de Candido y Morala: se exige lealtad a un modelo de funcionamiento nada asambleario y poco participativo que rechaza “nuestras” ideas pero acepta “nuestros” servicios.
Por una parte se trató de una iniciativa diseñada por la gente de Naval Xixón en la que los demás estábamos de palmeros: los ritmos de la movilización respondían a la evolución y encajes de bolillos en el interior del astillero.
Así pues, se podía apoyar trabajando en iniciativas ya organizadas (concierto, pegada de carteles y pegatinas, mural, jornada de lucha juvenil coincidiendo con el día del juicio el 31 de mayo de 2001…); pero no disentir ni proponer otras ideas que pudiesen cuestionar el diseño programado; a no ser que se estuviese dispuesto a ser acusado de estar como siempre los de siempre, poniendo pegas y obstáculos. Acusación ésta que se repetirá en el futuro en varias ocasiones, por personas de colectivos bien diferentes, y que garantiza poder hacer lo que se quiere sin tener que discutir políticamente ni una pizca de lo hecho...
Además, la solidaridad económica lejos de servir como impulso para una caja de resistencia colectiva (fuese FUSOA u otra) que pudiese seguir funcionando más adelante, fue canalizada a través de la S.S. de Naval Xixón y, resuelto el problema individual, se terminó la necesidad de solidaridad económica hasta la próxima ocasión.
Por último, se denunció la criminalización de la juventud… pero sólo si no era vasca. Lo que se hacía en defensa de los astilleros era una lucha obrera legítima; lo que se hacía en Euskadi –al igual que algunas iniciativas en Asturies– era “kale borroka” y no tenía nada que ver, por más que la prensa insistiese en ello. Una misma persona podía verse legitimada para tirar voladores desde el interior del astillero y criminalizada al salir de él: el tiempo nos enseñará que una cosa es ser hijo de un trabajador y defender los puestos de trabajo del astillero, mientras que otra muy distinta es entender la lucha social como algo que se extiende más allá de los estrechos muros de una fábrica.
1.4 Asturies y el “triángulo anarquista mediterráneo” (octubre 2001)
El día 3 de octubre de 2001 fueron detenidas tres personas –Ignacio D. L. en Uviéu; David G.B. y David G.G. en Madrid– acusadas por la Brigada de información de la Jefatura Superior de Policía de la colocación de cinco explosivos.
El montaje policial sostenía que los acusados pertenecían a una "célula anarquista" que formaba parte de un "triángulo anarquista mediterráneo", reeditándose la misma versión de las conexiones entre “España-Italia-Grecia", que se habían difundido en la prensa en el montaje contra Eduardo García, Claudio Lavazza y Gilbert Ghuislain.
La policía trató de relacionar también estas detenciones con la presidencia del Estado español de la UE en 2002 y las protestas que se preparaban para las reuniones que tendrían lugar durante ese año. Precisamente en Asturies, se reunieron los ministros de economía europeos (ECOFIN) en abril de 2002.
Los artefactos que se les imputaron habían sido colocados entre junio y julio de 2001: dos en una sede de Telefónica y en un concesionario Ford, coincidiendo con la visita de G. W. Bush a la capital española; uno en una sucursal Cajastur el 22 de junio en solidaridad con Primitivo Rodríguez, por último, también se habrían colocado el 25 de julio contra una sucursal de La Caixa y un concesionario de Fiat-Lancia en respuesta por el asesinato de Carlo Giullani en la cumbre de Genova.
La acusación de “terrorismo y estragos” fue realizada por el juez de la Audiencia Nacional Guillermo Ruiz Polanco, que ordenó sus detenciones en aplicación de la ley antiterrorista, siendo retenidos e interrogados sin asistencia de abogados. Finalmente las únicas “pruebas” presentadas fueron diversos materiales de propaganda y publicaciones críticas con el sistema capitalista.
Este caso fue quizás el “primero” en el que se aplicó la ley antiterrorista en Asturies, organizándose el día 29 de octubre una manifestación en Xixón, convocada por FUSOA y con apoyo de múltiples organizaciones, como respuesta a la criminalización de la protesta social. Es interesante recordar que la respuesta social ante estos hechos fue bastante distinta a la que veríamos posteriormente en el caso de Fernando G.R
1.5 Campaña asturiana contra la represión y por las libertades (otoño de 2001)
A lo largo del verano de 2001 se trata de poner en marcha un espacio antirrepresivo unitario –en el que también participará el propio FUSOA– viendo que los casos de represión abundan : juicio a Vitor Xosé por apoyar las movilizaciones de Naval Xixón; acusación de "ultraje a España" contra varias personas asistentes al partido de la selección asturiana de fútbol; encarcelamiento de Primitivo, aplicación de la ley antiterrorista a Nacho; acusación por destrozar una ETT en la calle San Bernardo durante la manifestación del 1º Mayo en Xixón...
Aunque se celebran una serie de reuniones para preparar una campaña de largo alcance –en la que participan no sólo organizaciones como FUSOA, CSI, SUATEA, Andecha Astur… sino también personas a título individual– y se acuerdan unos criterios de coordinación, no se llega a apostar decididamente por un proyecto de estas características.
Así pues, lejos de servir como refuerzo para construir un espacio unitario contra la represión, la manifestación convocada en octubre servirá como punto final de esta iniciativa. Después de un cartel y un tríptico con el lema “la represión tien munches cares, anque non mos les enseñen toes “, que nunca llega a hacerse público, y una concentración delante de los juzgados de Uviéu, en apoyo a los jóvenes acusados de ultraje a España, la historia no da más de sí. Así pues, FUSOA continuará como el único colectivo dedicado específicamente en Asturies a cuestiones relacionadas con la represión.
Lo alcanzado por NOSOTROS es mucho más valioso que lo logrado por MI
A. Kolontai
1.6 Globalización=lladroniciu+represión (marzo de 2003)
El 5 de marzo de 2003 el artista asturiano Ánxel Nava y el dirigente de Izquierda Unida Sixto Armán ingresaron en la prisión de Villabona para cumplir una condena de cuatro días de arresto menor y a indemnizar al consistorio por un importe de 705,84 €, equivalente al coste de la limpieza de las pintadas que realizaron en el paseo marítimo de Xixón durante la campaña contra la reunión del ECOFIN en Asturies en 2001.
La policía local había denunciado a ambos el 15 de julio de 2001 mientras escribían "Globalización = lladroniciu+represión" en las columnas que sostienen las farolas y barandillas del muro, como continuación de un mural elaborado en la Semana Negra.
El fallo judicial condenatorio sostenía que no cabe alegar vulneración de la libertad de expresión de los procesados porque, según el tribunal, la podían haber ejercido por otros métodos como el reparto de octavillas, mientras que «nadie puede utilizar bienes ajenos, sin autorización de su titular o de quien los administre, para pintar sobre ellos lo que le venga en gana por muy artista que se sienta».
A pesar de tener la posibilidad de evitar el ingreso en prisión, los integrantes del FAC (Frente de Aición Creativa) decidieron aprovechar la situación para denunciar el papel del PSOE y el PP en el recorte de las libertades. Una vez más, la posición de los dos encausados será clave a la hora de explicar la diferencia en los apoyos recibidos respecto a otros casos similares. Dos meses antes a su detención, dos jóvenes, Alejandro S.G. y Fernando G. R. habían sido igualmente condenados a multa de 90 €, más 10 días multa sustitutivos por fines de semana de arresto en Villabona –a razón de un día de arresto por cada dos días impagados– acusados de hacer pintadas y escribir con un rotulador sobre un expendedor de la ORA reclamando la oficialidad del asturiano en Xixón, como parte de la campaña “Oficialidá por presupuestos”. Sin embargo, este suceso no suscitara el mismo circo de la solidaridad, pero ya se sabe que hasta en el circo hay payasos y payasos.
1.7 “Familiares y amigos”: el caso de Fernando G. R. (otoño de 2005)
En septiembre de 2005 volvemos a encontrarnos con algunos de nuestros viejos fantasmas. A partir de una manifestación antifascista en Cangues d’Onís que termina con una brutal carga policial, se inicia una nueva escalada represiva con la detención –y posterior procesamiento– de 22 personas. Situación que se vera considerablemente agravada por la aplicación de la ley antiterrorista a Fernando G.R., pocos días después. En los dos casos, las acusadas –actualmente a la espera de juicio– se enfrentan a penas de considerable gravedad.
En este momento se constituye un grupo de “Amigos y familiares”, que pasa a dirigir públicamente la campaña de solidaridad en torno al caso de este joven independentista. La consigna “Fer llibertá” presidirá las acciones desarrolladas desde este colectivo: defensa legal, concentraciones, coordinación de las visitas, apoyo y acompañamiento a los padres, visita en autobús a la cárcel de Navalcarnero y, finalmente, la convocatoria de una manifestación en Xixón.
Sin embargo, desde el punto de vista de distintas personas que participaron en las primeras asambleas tras su detención, se hace necesario un planteamiento abiertamente político –que no partidario– capaz de englobar los diferentes casos de represión. Como pudimos comprobar, la represión ni había comenzado ni terminaría con el caso de Fernando. Poco a poco se añadirán a la lista no sólo multas por participar en las concentraciones de apoyo, sino también otros casos de activistas procesados por diversas cuestiones (difusión de propagada, asistencia a actos de protesta, etc.) y, curiosamente, todos ellos se abordaran desde distintos ámbitos con estrategias diferenciadas, dando la impresión de que no existiese ninguna relación entre ellos.
Desde el principio, varias organizaciones y personas a título individual propusimos elaborar un comunicado y convocar una rueda de prensa para hacer visible el apoyo a Fernando, propuesta que no fue compartida por “Amigos y familiares”. Además, no dejamos de señalar que, conforme se incrementase la presión desde los medios, sería más difícil ampliar los apoyos –más allá de las personas cercanas o que hubiesen compartido militancia– si todo se centraba en la identificación sentimental con el compañero detenido.
Por ello, insistimos en concentrar esfuerzos en denunciar la aplicación de una ley de excepción como la antiterrorista, así como el contexto en el que se produce la detención: una convocatoria de Democracia Nacional, protegida por la Guardia Civil, y la posterior represión de la protesta popular desde la Delegación del Gobierno español en Asturies.
Además, sugerimos que el formato “Amigos y familiares” quizás no era el más adecuado, no para menospreciar la buena voluntad o poner en duda la legitimidad de quienes participaban en este colectivo, sino porque valorábamos la importancia de una estructura más estable, que no desapareciera en el momento en que se resolviese la situación de la persona represaliada, o incluso antes. Por ejemplo, en estos momentos que todavía se esta en un impasse a la espera del juicio, no esta en absoluto claro quién, cómo y desde dónde se va seguir realizando el trabajo de solidaridad con este caso.
Un último punto de desacuerdo se encontraba en la toma de decisiones. Veremos cómo, posteriormente, la plataforma de apoyo a Cándido y Morala insistirá en concentrar la toma de decisiones: “aquí hay sitio para todo el mundo”, “el que quiera trabajar que venga a la Plataforma”, etc.; en el caso de “Amigos y Familiares” se afirmaba, al menos en principio, todo lo contrario: “cada uno que se solidarice de la manera que estime oportuna”, “el que quiera hacer algo que lo haga”. Por dos caminos aparentemente distintos se llegó al mismo sitio: las asambleas son reducidas una y otra vez a meras reuniones informativas en cuanto aparecen voces discrepantes. En el momento en que un grupo monopoliza “el caso” se acabó la discusión, so pena de ser acusado de constituir un obstáculo en un momento de emergencia.
Normalmente, lo de menos es que surjan colectivos o iniciativas diferentes que compartan un mismo objetivo; sin embargo, ante una cuestión tan delicada, no parecía muy acertado que cada cual decidiese, por su cuenta y riesgo, cómo apoyar al joven encarcelado a la espera de un pronunciamiento judicial: la información no podía ser manejada abiertamente, ya que esto podría dificultar la defensa legal; la recaudación de fondos, dada la cantidad necesaria, requería que la solidaridad fuese un sentimiento lo más ampliamente compartido, independientemente de los cargos imputados; por último, la denuncia de los responsables de esta situación exigía a la izquierda social algo más que concentraciones simbólicas o carteles para las ya convencidas, algo que parece ser la especialidad de la casa en la izquierda asturiana: seducir a las seducidas y dejar indiferentes al resto.
Desde nuestro punto de vista, era necesario incorporar a diferentes grupos en una campaña lo más amplia posible a partir de unos criterios mínimos decididos entre todas. Ante la gravedad de lo sucedido debía exigirse un posicionamiento; pero esto no podía confundirse con demandar la adhesión incondicional a iniciativas pensadas por un reducido grupo de personas (por más amigos o familiares que fuesen); ni mucho menos, servir en bandeja una excusa para desentenderse del asunto (como harán buena parte de los colectivos y organizaciones sindicales).
Transcurridos los primeros días de desconcierto, se propuso que el marco de acción unitaria sea el propio FUSOA, apoyado por otras organizaciones y personas a título individual. Esta propuesta es rechazada. La gente del FUSOA decide, por un lado, que no es conveniente relacionar el caso de Fernando con el de las detenidas en Cangues d’Onís. Por otro, consideran que en “Amigos y familiares” puede colaborar más gente de la que lo haría si la campaña fuese protagonizada por el propio FUSOA (que en todo caso continuaría ofreciendo su apoyo económico y jurídico a las personas represaliadas).
En las reuniones mantenidas semanalmente durante meses con diversas organizaciones –CSI, Andecha Astur, COSAL, FUSOA…– los representantes de “Amigos y familiares” reconocían la importancia de crear un marco de encuentro: se hace necesario contar con organizaciones que puedan movilizar recursos para sostener la campaña a partir del momento en que comienzan a llover las multas tras los actos convocados. Sin embargo, esto no les impidió tomar iniciativas cuyas consecuencias fueron “socializadas” posteriormente con el resto de los grupos interesados en la situación de Fernando. Como suele suceder, quienes están más en contacto con la persona represaliada disponen de una información y de un capital simbólico que facilita el que se realice una especie de chantaje emocional: o dejas que te lleven “pol ñarigón” o apareces públicamente como alguien que realmente no quiere hacer nada y que obstruye a quienes sí quieren actuar. Nos encontramos de nuevo con una canción ya familiar, que antes habíamos escuchado en el caso de Víctor José y que volvimos a oír en el de Cándido y Morala…
Ahora que se cumplen dos años de lo sucedido, nos encontramos con una situación más que preocupante en relación a ambos casos. Fernando sigue a la espera de juicio sin que nadie esté preparando el terreno para condenar la lógica de la Ley Antiterrorista y garantizar la solidaridad con el joven independentista. Por otro lado, y tras un cambio en el fiscal encargado, el proceso contra las personas detenidas en Cangues d’Onís es reactivado en los últimos meses. Durante este tiempo, y por mucho que algunos sacasen pecho como antifascistas de viejo cuño por el “órdago” lanzado a Delegación de Gobierno, la realidad es que nadie ha realizado una verdadera labor política y el grado de descoordinación entre las encausadas no ha hecho más que aumentar tras la asistencia legal inicial.
Además de lo anterior, aún tenemos un debate fundamental sobre la mesa sobre cómo relacionar los casos más “complicados” de cara a la opinión pública con otros que generan un mayor consenso. ¿Debemos continuar separándolos confiando en sacar adelante con mayores garantías los segundos?
Seguir en pie quiere decir coraje… o no tener donde caerse muerto
Mario
Benedetti
1.8 Calecer (marzo de 2006)
A finales del año 2005 se produce la liberación de Fernando –actualmente a la espera de juicio– y, por tanto, un cambio sustancial en la situación. Por lo pronto, “Amigos y familiares” no tardará mucho tiempo en dejar de reunirse como tal colectivo, volviéndose al formato inicial de FUSOA.
Algunas de las organizaciones y personas que venían reuniéndose –y apoyando las actividades de “Amigos y familiares” a pesar de la falta de acuerdo– deciden, semanas más tarde, concretar un marco de acción estable para aprender de los errores –y aciertos– cometidos en los últimos meses.
La intención de quienes nos veníamos reuniendo era abrir un debate sobre cómo estábamos respondiendo a la represión. Así pues, Calecer no era, ni más ni menos, que el nombre que provisionalmente dimos al intento de configurar un nuevo espacio desde el que confrontar la represión en sus más variadas expresiones. Para que esto tuviese sentido –y no fuese una sigla más en la densa sopa de letras a la que estamos, quizás demasiado, acostumbradas– debía facilitar la convergencia de enfoques y prácticas políticas distintas.
Finalmente, la imposibilidad de constituir un marco verdaderamente unitario –ni el FUSOA, ni otras organizaciones que no llegaron siquiera a responder a la invitación realizada, deseaban participar en esta iniciativa– fuerza la presentación pública de unas nuevas siglas que puedan servir de paraguas a las personas represaliadas que estaban por llegar.
La elaboración de un pequeño dossier, que recogiese los últimos casos de represión en distintos ámbitos de la realidad asturiana, nos sirvió como punto de arranque. También pensamos que, para comenzar a superar la fragmentación y las mutuas incomprensiones, sería interesante organizar una serie de debates –celebrados finalmente a lo largo del mes de mayo– que nos acercasen, desde distintos ángulos, tanto a las estrategias represivas como a las condiciones sociopolíticas que facilitan el auge del fascismo social en Asturies. Por último, impulsamos un sencilla campaña de denuncia en la calle que pretendía –a través de una pegatina sin firmar– recordar la situación que estábamos viviendo y señalar a algunos de sus responsables (delegación del gobierno español, gobierno de la izquierda plural, medios de comunicación, etc.).
En este tiempo, a pesar de que se trataba de unas iniciativas muy modestas, tuvimos la oportunidad de visualizar algunas de los obstáculos que, de forma persistente, vienen dificultando la ampliación de nuestra capacidad de respuesta frente a las iniciativas de control y represión social.
Buena prueba de ello fue lo sucedido durante de la charla protagonizada por Mikel Korta sobre el proceso 18/98, en medio de la cual fue arrojada una bengala al interior del local donde se celebraba. Pero también lo que ocurrió después ya que se repitió la misma secuencia de siempre: agresión fascista/represión ® activación del apoyo centrado en las víctimas ® respuesta puntual ® vuelta a la normalidad. En una semana se organizó una recogida de firmas ante “la agresión a el local Cambalache” y una concentración en la que pudimos oír hablar de la xenofobia y la persecución de inmigrantes, de la situación de los comunistas checos o de la agresión sufrida por una joven pareja en Madrid el día de la república española... pero no de quién era Mikel Korta y las personas procesadas en el 18/98 a las que representaba, o quiénes eran los responsables de la criminalización de la protesta social. Nadie hará referencia tampoco a lo sucedido en los últimos meses en Asturies (Cangas d’Onis, Fer, Cándido y Morala…), incluidos los representantes de IU en el Ayuntamiento de Uviéu, que meses después enarbolarán la bandera de la represión a partir de su enfrentamiento con la dirección de IU en Asturies.
Así pues, quienes participábamos en Calecer nos encontrábamos –y aún nos encontramos– ante una situación paradójica: constatar la necesidad de espacios antirrepresivos con un enfoque amplio al tiempo que la falta de voluntad política para constituirlos; todo ello sumado, como veremos más adelante, a nuestras propias limitaciones.
1.9 Nuevas iniciativas
A finales de 2006 es puesta en marcha una nueva iniciativa que no pretende competir con las ya existentes en el ámbito de la lucha antirrepresiva; antes bien, Sofitu se presenta en su página web como una organización centrada principalmente en la respuesta a la represión desde una visión independentista, sin por ello dejar de solidarizarse con otros casos, dentro de sus posibilidades. Aparte de la difusión de comunicados, este colectivo ha editado una pegatina y convocado una concentración en solidaridad con Iñaki de Juana Chaos. También ha organizado diversas charlas sobre la situación de los presos independistas en Catalunya y Galiza. Por último, y ya en relación con lo que pasa en Asturies, han editado una pegatina y un panfleto de denuncia del caso de Cándido y Morala.
Por otro lado, en marzo de 2007, es presentado un colectivo de gente joven –Colectivo PreS.O.S. “En Bola”– que se propone tomar como punto de partida la defensa de los derechos de la población reclusa. Entre sus reivindicaciones se encuentra el respeto de los derechos y la dignidad de las presas, la supresión del régimen FIES, la excarcelación de personas con enfermedades incurables y el fin de la dispersión. Este colectivo –que desarrolla su trabajo a través de dos áreas, “asesoramiento jurídico” y “apoyo y correspondencia”– organizó el mes de abril de 2007 unas “jornadas contra la represión y la cárcel” en el local Sestaferia.
Tanto pasar y luego pasa lo de siempre
se te amontona el temporal
siempre pegándole un sablazo al remanente
no vas p´alante ni p´atrás.
Y todos los demás en un rincón
evitando la conversación
no tienen que dudar
maldicen sí
pero sólo saben aguantar…
Rosendo, Listos para la reconversión
¿Y si no todas somos Cándido y Morala?
La repetición de determinadas prácticas nos conduce, una y otra vez, a tener la impresión de que no hemos aprendido nada de las experiencias anteriores; peor aún, cada vez nos encontramos en una situación de mayor debilidad, acorde con la evolución general del contexto. Nos llueven los palos de ciego y seguimos sin ser capaces de responder con palos de vidente.
Es cierto que en los últimos meses nos hemos encontrado con elementos que podrían alimentar la esperanza, como una elevada participación en momentos puntuales o la visibilización de un sentimiento de rechazo a determinadas prácticas represivas. Pero en Asturies estamos demasiado acostumbradas a que el caudal de solidaridad generado por casos especialmente significativos sea reiteradamente dilapidado; desgraciadamente, no faltan indicios que apuntan que, de seguir así las cosas, el movimiento surgido en torno al caso de Cándido y Morala no va a constituir una excepción.
Hasta el momento habíamos dejado el pesimismo para tiempos mejores. Ahora, con la excarcelación de los dos sindicalistas, y viendo que el momento permite una reflexión más pausada, queremos apuntar algunas reflexiones que tratan de explicar los motivos de nuestra preocupación, así como plantear posibles vías de acción que den continuidad a lo mejor del trabajo realizado.
2.1 Imposición de la lógica de la emergencia y personalización de los conflictos
A pesar de la continuidad o surgimiento de colectivos que denuncian la represión y el claro aumento del número de casos desde septiembre de 2005, la represión sigue siendo abordada como un hecho puntual que afecta a unas pocas personas. Cualquier esfuerzo por establecer redes de apoyo mutuo y propuestas de trabajo a largo plazo choca constantemente con las salidas individuales.
Durante meses, los lemas “mañana podemos ser cualquiera de nosotras” o “si nos tocan a una nos tocan a todas” cayeron en saco roto… hasta que llegó la represión y mando a parar: dos sindicalistas de Naval Xixón y líderes de la Corriente Sindical de Izquierda, Cándido y Morala, son acusados de la destrucción de una cámara de seguridad y de la quema de un vehículo, delitos por los que se les pide inicialmente penas de seis años y medio de cárcel, además de una importante sanción económica.
La gravedad de la situación –que nadie cuestiona– se refuerza cuando es presentada de forma aislada: ni se mencionan casos similares (Primitivo) ni se hace alusión a otros más recientes (Fernando). Si no es posible comparar situaciones sólo queda una respuesta incondicional, excepcional. Estamos frente a una emergencia ante la que no cabe plantear preguntas incómodas ni distraerse con otros casos. Sólo así se pueden activar recursos (trabajo, dinero, etc.) que en otros momentos no se movilizaron en igual medida sin que a nadie le resulte extraño.
Pero también es cierto lo contrario: la emergencia se aplica para justificar la desmovilización que la rodea. Nos movilizamos el día de los juicios de Cándido y Morala pero pasaron varios meses en blanco desde el comienzo de las reuniones de la Plataforma. ¡Todos los miércoles a las 19:30 h…! hasta el día de su excarcelación porque ya “no hay suficiente gente”, ¿por qué la iba a haber, si el único objetivo era su puesta en libertad de la manera que fuese?
La represión vuelve a tener nombres y apellidos convirtiéndose en un coto privado donde unos ven reforzada su figura pública mientras que otras, las más, deben enfrentarse en solitario a juicios, multas y condenas. La asistencia legal o económica no se le niega a nadie, pero la movilización política o la visibilización del daño sufrido sólo está al alcance de unos pocos.
De este modo, la lógica de los casos excepcionales, de la emergencia social, de la solidaridad frente a las situaciones calamitosas, comienza a sustituir la idea de protección igual para todos.
Pero esto sólo es el primer paso. La despolitización y personalización de la represión y, por tanto, de los conflictos que la desencadenan conduce a privatizar la toma de decisiones y socializar sus consecuencias, así como a instrumentalizar los apoyos ofrecidos por otros colectivos. Todo ello en aras de una salida individual a la situación de las personas represaliadas en cada momento.
“O nos salvamos con el alma colectiva o con el alma individual nos vamos todas al infierno”
Luís Redondo
2.2 Despolitización y compartimentación de la lucha antirrepresiva
Pensamos que ésta es una situación en la que todas nos jugamos muchas cosas. Sin embargo el enfoque adoptado, olvidando la dimensión política del asunto, es similar al utilizado en cualquier otro conflicto sindical en los astilleros gijoneses, con el añadido cuantitativo de la represión. Al renunciar a un discurso general que relacione las diferentes situaciones –no que simplemente las enumere– los casos de represión son jerarquizados, reproduciéndose las mismas desigualdades que encontramos en la sociedad. Primero los “working class heroes”… luego el resto. Y la jerarquización de los casos conduce a un perverso sistema de esclusas en el que el caudal de solidaridad fluye en un único sentido.“Hoy por mi, mañana por mi también” es la moneda de cambio en una economía de la solidaridad, en la que las muestras de apoyo son cada vez menos desinteresadas.
La compartimentación de los casos segmenta a los colectivos represaliados y desconecta sus problemáticas, dificultando la mutua identificación. Esto no quiere decir que no se juegue la baza de la identificación, sólo que no es recíproca. Lemas como “todos somos Cándido y Morala” son rápidamente incorporados, incluso por quienes menos respaldo encontraron –y encontrarán– ante la represión, aquellos que ni son obreros, sindicalistas, paisanos, padres de familia… ni, desde luego, “inocentes”. Pero precisamente por ser los más necesitados de referencias colectivas, por ser los que “no son”, son los primeros en ponerse una careta que no está hecha a su medida.
Los colectivos potencialmente objeto de la represión abarcan un amplio abanico. En los primeros puestos de salida se encuentran los “trabajadores” del sector industrial más consolidado, sobre todo si forman parte de organizaciones sindicales y ocupan un lugar importante dentro de sus estructuras. Este colectivo cuenta con el respaldo de una tradición organizativa y de un contexto social en el que, a pesar de haberse debilitado, existe cierta empatía con las luchas laborales.
Después de los lunes al sol están quienes viven los martes a la sombra. Esto es, el resto de trabajadores que participan en conflictos laborales pero que carecen de estructuras organizativas o del apoyo de éstas. Sus luchas cuentan con un importante grado de legitimidad porque siguen siendo luchas por un empleo, por una familia… pero ya no es lo mismo, empezando por los aparatos encargados de la represión. La relativa tolerancia de la que goza el colectivo anterior desaparece rápidamente en el caso de este segundo grupo en cuanto comienzan a dar problemas.
En el último escalón, y no sólo dentro de los conflictos sociolaborales, se encuentran quienes ante la ausencia de respuesta sindical a sus problemáticas, se ven obligados a protagonizar un conflicto en condiciones claramente desfavorables. Así, prácticas que son celebradas por la izquierda caviar en los conflictos de toda la vida, son denostadas automáticamente si quien las pone en funcionamiento no encaja con el estereotipo de las luchas obreras.
El discurso de la “kale borroka” se pone a funcionar de inmediato fuera de los muros de las fábricas. Barricada y voladores en la hora del bocadillo sí, petardos en ETTs no. Las tautologías también están a la orden del día: “no apoyamos luchas aisladas”. Claro que están aisladas porque nadie las apoya. La lucha contra la precariedad o la exclusión forma parte de la retórica de la izquierda filantrópica, pero nada más. Todo esto no significa que no podamos valorar y discutir el recurso a determinados métodos, sino que de hacerlo se tenga en cuenta el contexto en el que se desarrollan.
Otros conflictos relacionados con la denuncia de la especulación o la destrucción del medioambiente son clasificados fuera de la sección oficial. Pueden generar simpatías pero concitan escaso apoyo cuando coinciden en el tiempo con otros casos de represión. Se incluyen en las enumeraciones pero no se ponen en relación de igualdad en la práctica. La represión también es más difusa, ya que las sanciones económicas no generan ni moratones ni ruedas de prensa, sin que por ello su función disuasoria sea menos eficaz.
De todo lo anterior encontramos ejemplos en los últimos meses en el seno de la Plataforma. Para empezar, la salida a la luz pública del proceso impulsado por el Ayuntamiento de Xixón contra los sindicalistas parece poner en marcha conciencias, hasta entonces aletargadas, de organizaciones que hasta el momento no habían sentido ninguna necesidad de posicionarse contra la represión más allá del comunicado de rigor. No hubo manifestaciones multitudinarias por las calles de Xixón cuando aplicaron la ley antiterrorista a Fernando, nadie se rasgó las vestiduras cuando llevaron a dos adolescentes al Tribunal de Menores por hacer unas pintadas; ahora nos faltó tiempo para abrazarnos a los micrófonos.
No estamos hablando de cualquiera; al contrario, se trata de dos abanderados de la lucha obrera, con un conocido historial de resistencia y reivindicación a sus espaldas. No hay dudas, lo que cuenta no es si lo hicieron o no. Nadie plantea eso de “algo habrán hecho” y, por supuesto, a nadie se le ocurre sugerir que fueron excarcelados después de 20 días porque “cantaron”, nos “vendieron” o nos “traicionaron”, cuestiones que, desgraciadamente, sí pudimos escuchar en ocasiones anteriores.
A explicar la genealogía de lo sucedido, se han dedicado multitud de páginas y análisis, incluso por quienes no han participado en ninguna –o casi– de las movilizaciones y mucho menos de los debates en las asambleas. La reconversión, la destrucción del sector naval… aparecen para tratar de comprender los desencadenantes de la represión. Esto contrasta con la ausencia de plumas para contextualizar la aplicación de la ley antiterrorista en Asturies. Claro que este trabajo ya lo hicieron por nosotros El Comercio, La Nueva España y La Voz de Asturias. En el caso de Fer, la explicación de los medios fue suficiente para la mayoría: los petardos “incautados” eran “explosivos”; meses después, el mismo “explosivo” (colocado en el famoso cajetín) se convertirá en un simple y sencillo petardo
También llama la atención que los sesudos análisis invisibilicen a los protagonistas de otros conflictos, aunque estén interrelacionados. La especulación existe, pero las personas que participan en las movilizaciones de la zona rural de Xixón no tienen nombre ni apellidos, siendo el grado de implicación en sus movilizaciones mucho menor.
Da que pensar que en todos los meses anteriores a la condena la Plataforma no se reuniese más de cuatro veces y que, casualmente, estuviese relacionado con las fechas del proceso a Cándido y Morala. La Plataforma ni convocó otra cosa que las manifestaciones y concentraciones relacionadas con este caso, ni se ha pronunciado casi sobre ningún otro tema (excepto recientemente sobre el secuestro de un número de “El Jueves”). Conflictos como el de Cajastur han ocupado un segundo plano en la agenda de la Plataforma. Apoyo lo hubo –cómo no al tratarse de un conflicto laboral– pero desde otras instancias.
Al final las palabras encubren los hechos. Por más que repitamos “todas somos Cándido y Morala” no todas tenemos un sindicato que nos respalde de la misma forma o el apoyo de una ciudadanía que diferencie entre la lucha social y el “terrorismo”; como pudimos comprobar, hasta en la represión hay clases.
Como no pongamos remedio, con el tiempo, la sospecha se establecerá como la pauta de relación entre los colectivos represaliados. El trato diferencial acabará suscitando agravios comparativos y desencadenará el miedo a quedarse en una posición de inferioridad en un contexto de recursos y apoyos cada vez más limitados.
“Cuidado, os avisamos, somos los mismos que cuando empezamos”
Eskorbuto
2.3 Falta de continuidad organizativa
Relacionado estrechamente con todo lo anterior se encuentra la falta de continuidad organizativa, algo que constituye una estrategia poco eficaz para combatir las consecuencias de una represión cada vez más diversificada.
En septiembre de 2006, la CSI convocó una reunión para crear un nuevo espacio de lucha contra la represión: la que sufrimos todas y todos, se dice, porque hay muchos más casos que el de Cándido y Morala; esto a pesar de que ya existían distintas organizaciones antirrepresivas que, mal que bien, venían intentando funcionar en Asturies (eso sí, en absoluta orfandad). ¿Para qué, entonces era necesario fundar una plataforma contra la represión sin tener en cuenta para nada a los distintos colectivos antirrepresivos? Es más, ¿por qué hacerlo si ya existía –por ejemplo– un espacio con el mismo fin y casi con el mismo nombre del que la CSI decía –y dice– seguir formando parte? ¿Quizás porque la Plataforma contra la represión y por las libertades es en realidad la Plataforma de Cándido y Morala?
El hecho de no partir de la experiencia anterior permite acotar el espacio de trabajo contra la represión (únicamente lo relacionado con el caso de los dos sindicalistas) y define lo que significa ser unitario (incorporarse a la Plataforma). Así, como en situaciones anteriores, se configura un marco a la medida de un caso concreto que, por tanto, tiene los días contados en cuanto se resuelva la situación de partida. Esta es una de las constantes de la lucha antirrepresiva en Asturies: la falta de interés por parte de las organizaciones sindicales y políticas de impulsar iniciativas que no sirvan como correa de transmisión de sus planteamientos… cuando los tienen.
“Estamos en guerra, hay que reflexionar” Antón Reixa
2.4 Ausencia de planificación
A resultas de lo anterior, las organizaciones comienzan a improvisar formas de protección asistenciales marcadas por la excepcionalidad: cuentas corrientes, páginas web, logotipos y camisetas son puestas en circulación para tapar las grietas de este desvencijado armazón que son los movimientos sociales en Asturies.
Si la represión sólo se afronta como respuesta defensiva, puntual, aislando los diferentes casos y desde espacios organizativos creados ad hoc, no es extraño que seamos incapaces de avanzar propuestas y retomar la iniciativa política: la fecha del juicio nos coge a contrapié y nos obliga a improvisar una campaña; la orden de encarcelamiento llega sin que haya siquiera una hoja escrita para explicar lo sucedido… Y si se improvisa para el caso estrella, qué se puede esperar para todos los demás.
La falta de una visión a medio plazo se pone en evidencia al entrar en las cuestiones fundamentales como la de la financiación. Desde el comienzo hubo quienes sostuvimos la importancia de un mecanismo de apoyo económico bien estructurado y colectivo. Sin embargo, la CSI tan sólo se planteó la creación de una cuenta corriente en el momento en el que los gastos comenzaron a ser más que considerables. De igual modo, la venta de materiales sólo se llevó adelante después de la detención de los dos trabajadores: hasta ese momento quienes vendíamos camisetas y pegatinas, coincidiendo con los días de los juicios y las movilizaciones, merecíamos escasa atención cuando no éramos vistos como una molestia. Otra caja… no la queremos, o eso parece.
“Esto es una derrota, hay que decirlo, vamos a no mentirnos nunca más, a no inventar triunfos de cartón”
Mario Benedetti
2.5 Movilización razonable
Claro que también puede ser que no queramos hacer otra cosa porque nos encontramos muy a gusto en estado vegetativo. Si no aspiramos más que a mantener las constantes vitales, entonces estamos en el buen camino… hasta que el encefalograma diga lo contrario.
La renuncia a determinadas formas de presión se produce desde el momento en que queremos recurrir a organizaciones implicadas en la represión de otros colectivos, pero que son vistas como la solución para nuestro caso concreto. La apuesta está clara desde el comienzo: jugar a ser buenos para que otros puedan jugar a que nos ayudan. Una movilización de perfil bajo busca garantizar resultados a corto plazo, pero no impide que el precedente sea establecido para los que vengan detrás.
Es significativo que no se haya querido siquiera discutir la posibilidad de emplear el contexto electoral como campo en el que luchar políticamente con los responsables de la represión. En los últimos años se puso de manifiesto que ya no hace falta reindustrializar, porque en Asturies se inventó la industria de la crisis y el Estado de Malestar; las relaciones entre expropiación, especulación, represión, formación, precariedad y emigración se reflejaron como nunca antes (PGOU, Sogepsa, Progea, encarcelamiento de Cándido y Morala); y sus responsables, los autonombrados partidos de la izquierda plural, sindicatos de “clase”, constructores, medios de comunicación y financieros tienen entre sí relaciones cada vez más que evidentes. Así, en conflictos como el de Lavachel podemos encontrar un menú exquisito y variado para paladares exigentes con todos estos ingredientes: un empresario que financia campañas de PSOE a cambio de la concesión de la limpieza de hospitales públicos; unos sindicatos que dan la espalda a sus afiliados; externalización de servicios, precariedad, explotación, convenios de integración social con Villabona, subvenciones, matones para amedrentar trabajadoras, y un largo etcétera.
Y es que las posibilidades de haber expresado este malestar con algo más que manifestaciones, que acaban siendo un fin en sí mismas y no un medio, eran reales. Las fórmulas propuestas eran variadas (desde el simple boicot de los actos de campaña, a la presentación de una candidatura popular centrada en la denuncia de represión). La importancia simbólica de esta presión en el contexto electoral se puso de manifiesto con el arresto de los dos sindicalistas justo después de la protesta durante el acto de investidura del nuevo gobierno municipal. El caso es que no se recurrió a esta opción. Es importante tener esto en cuenta a la hora de valorar las implicaciones de una iniciativa como la petición del indulto.
Al final, el abanico de movilizaciones de los últimos meses aprobaría por los pelos un curso CCC (carteles, comunicados y concentraciones) para aprender a ser solidario y unitario, sin salir de casa, en 15 días. De las Madres de Plaza de Mayo sólo aprendimos a dar vueltas a una plaza. Lo de despersonalizar los conflictos (“Plaza de Cándido y Morala”), mantener un discurso firme y claro, crear espacios propios o señalar responsabilidades cuando y donde más duele se quedó al otro lado del charco. Es verdad que no nos encontramos en la Asturies de octubre del 34, pero tampoco en la Argentina de 1976. Además, hubo otras movilizaciones ante casos de menor gravedad y urgencia que fueron mucho más fuertes, y de esto no hace tanto tiempo. Concentrarse pacíficamente ante el ayuntamiento, pasadas las elecciones, no puede considerarse algo capaz de infligir una presión inasumible; como tampoco lo fueron las dos manifestaciones convocadas anteriormente (en la segunda de las cuales la participación se vio reducida sensiblemente).
“No me gaste las palabras, no me cambie el significado, mire que lo que yo quiero, lo tengo bastante claro.”
Mario Benedetti
2.6 ¿Y ahora qué? ¡Trevín indultamé!
Después de una campaña “planificada” deficientemente, llegamos al lugar donde no nos queríamos ver nadie: una sentencia condenatoria en el primer juicio, con la gravedad de abrir un camino que muchas podemos estar llamadas a recorrer, todavía en peores condiciones, huérfanas de padre, madre o plataforma que nos guarde. Semanas más tarde llega el arresto de Cándido y Morala.
Esta situación de crisis, lejos de servir para repensar lo hecho hasta el momento, refuerza las mismas prácticas. De nuevo, de mano de la emergencia, el indulto se convirtiese en la principal propuesta de la Plataforma. Cualquiera que la discuta está fuera de lugar porque es “la única solución posible” para sacarlos cuanto antes, algo que posteriormente se demostraría falso. La única, claro está, después de no haber presionado antes y de renunciar ahora a utilizar otros mecanismos legales para obtener la excarcelación (dada la situación personal de ambos sindicalistas) o a forzar la suspensión cautelar de la condena.
La petición del indulto se convierte en buena muestra del camino emprendido por la Plataforma. En primer lugar devuelve la iniciativa a los represores. Ejecutada la condena y a la espera de la aceptación del recurso ante el constitucional, la vía legal se convierte en una vía muerta. A pesar del ejemplar trabajo de los abogados y las pruebas presentadas, el juicio se muestra como lo que era: un proceso político. Esperar que, sin presionar en la calle, se fuese a seguir otro camino era confiar demasiado en nuestro papel de buenos obreros. Pero la especulación tiene prisas y exige medidas ejemplares.
La vía del indulto da continuidad a esta concepción de nuestra excepcionalidad. Esperamos una medida de gracia por nuestros “méritos ciudadanos”. Pero nuestros contrarios también juegan la misma baza para lavar su imagen: son buenos ciudadanos, así que merecen una medida de excepción que consolida el precedente –aplicación de legislación antiterrorista a un conflicto “laboral”–, al tiempo que da un balón de oxígeno a la “izquierda plural”, pendiente ahora de unas elecciones generales que ve peligrar.
En términos de movilización y presión no aporta gran cosa, más bien lo contrario. Permite recoger firmas e informar del caso. Pero también lo hubiesen permitido una carta de autoinculpación, una denuncia popular contra quienes nos reprimen o una iniciativa legislativa popular contra la ley antiterrorista. Sin embargo, la primera constituye una salida individual que no servirá probablemente para nadie más, si es que llega a funcionar; las segundas son colectivas, abren la denuncia sobre el entramado político-institucional y señalan responsabilidades. Además, esta propuesta hipoteca otro tipo de acciones difícilmente justificables de cara a la ciudadanía una vez que se realiza la petición de indulto.
Insistimos en que no tiene sentido apelar a la urgencia, porque si nos hubiésemos acordado antes, quizás no hubiesen llegado siquiera a entrar en la cárcel. De hecho, la petición de indulto se mostró como algo ineficaz a corto plazo, siendo el tercer grado lo que les sacó de la cárcel. A la larga el indulto se convierte en el único horizonte de futuro, arrinconando y guardando en el baúl de los recuerdos la movilización social que decimos ser la que los sacó de prisión; pero en dicha movilización no tenemos demasiada confianza, a juzgar por la inactividad de la Plataforma este verano desaprovechando la afluencia de turismo.
2.7 “Participacción” en suspenso
Una verdadera participación en la toma de decisiones se hace difícil en situaciones planteadas como crisis; y esto, a su vez, va en detrimento de la riqueza de las propuestas e iniciativas puestas en práctica.
La Plataforma viene incurriendo en ambas prácticas: asambleas sin capacidad de decisión y centralización de las movilizaciones “legítimas”. Aquí, como ya explicamos anteriormente, coinciden las prácticas de las organizaciones tradicionales con quienes se presentan como antiautoritarios y asamblearios “pata negra”: quienes denunciaban las maniobras de las burocracias políticas y sindicales, actuaron de manera similar, pero a escala, en cuanto las circunstancias lo permitieron.
En apariencia, la Plataforma es un espacio asambleario donde se van decidiendo los pasos a seguir: manifiesto en el que se denuncia el caso, carteles informativos, convocatoria de una manifestación en Xixón el 22 de noviembre de 2006… En realidad cada una de esas propuestas se cocina fuera de la Plataforma, se trae a las reuniones para hacer alguna pequeña corrección y posteriormente darle el visto bueno. De hecho, las ruedas de prensa se dieron a menudo antes de las asambleas, algo ya de por sí significativo.
Lo que pasa entre la presentación de la propuesta y el resumen final realizado desde la mesa tiene escasa relevancia. De hecho la última asamblea multitudinaria se cerró desde la mesa informándonos de que todo lo propuesto ya había sido pensado –por la comisión de la Plataforma o por la dirección en el exilio– y lo que no habían pensado… no era aceptado. Poco importaba, porque también se nos informó que ni siquiera era una asamblea de la Plataforma.
Ante propuestas de denuncia más explícita se frena una y otra vez cualquier tipo de iniciativa colectiva impulsada desde la Plataforma. Ni concentraciones frente al Ayuntamiento ni ante la Delegación del Gobierno español. Habrá que esperar al encarcelamiento para “radicalizar” la lucha. Desde luego que se anima a la participación individual, aunque no se establezcan los cauces que lo permitan, pero siempre desde el cooperativismo obrero en el que “nosotros nos lo guisamos, tú te lo tragas”. Pintadas las que quieras, pero de encadenarse u ocupar el Ayuntamiento ni hablamos.
Como decíamos, esto reduce la posibilidad de organizar actividades de denuncia en diferentes localidades con contenidos diversos. Una cosa es hacer pancartas con la marca de la casa y otra incorporar denuncias de otros casos de represión en otros lugares fuera de Xixón. La detención de 30 senegaleses en Uviéu –con la consiguiente orden de expulsión– no deja de ser “exótico” en una asamblea focalizada en la detención de Cándido y Morala. Para qué hablar, por tanto, de sumar otras sensibilidades y abrir procesos que puedan desbordar el marco previsto de movilización razonable.
Más de lo mismo cuando hablamos de la “asamblea de profesionales” convocada por la Plataforma. Seguro que los “profesionales” pueden implicarse en algo más que en firmar un manifiesto y en dar una rueda de prensa, siempre que se amplíe los contenidos de la denuncia dándole importancia a la contextualización de lo que está sucediendo. Si sólo se trata de narrar la odisea de los dos sindicalistas encarcelados, entonces sí que vale más que lo cuenten ellos directamente, que lo hacen mejor y con mucha más gracia.
2.8 La esquizofrenia como antesala del oportunismo
Lo que no es incompatible con la lógica de la emergencia es la gestión “profesional” de las situaciones de crisis. Cuando se trata de arrinconar determinados planteamientos, solemos contar las ideas en lugar de pesarlas, pero cuando hablamos de los profesionales del “saber estar” la cosa cambia. A nadie le importa a cuántos “representan” sino cuántos números de teléfono tienen en la agenda.
Desde el momento mismo de su formación la Plataforma es un espacio mal definido, problemático. Por una parte, bajo la máxima de “cuantos más mejor, vengan de donde vengan”, nos encontramos con que, en el largo listado de organizaciones (más de treinta) que quieren formar parte de la Plataforma, están IU y BA. Ya en la primera reunión distintas organizaciones y personas a título individual mostraron abiertamente lo contradictorio de “poner al raposu a cuidar les pites”: ambos partidos compartían responsabilidad política en el gobierno asturiano y, lo que es más sangrante, están integrados en el gobierno municipal gijonés y, por lo tanto, eran parte denunciante. ¿Cómo se puede pretender ser al mismo tiempo responsable de la acusación y unirse al bando de los acusados?
Sólo si no están claros unos criterios mínimos se puede comprender semejante esquizofrenia. Si el problema es el encarcelamiento de Cándido y Morala, cualquiera que los saque es la solución.
Como pudimos comprobar en los últimos meses, las estrategias en campaña electoral están a la orden del día, pero también los movimientos en clave de luchas intestinas, sobre todo al interior de IU o CC.OO. Inicialmente nos encontramos con intentos de diluir los posibles contenidos de la Plataforma –“no hay que confundir churras con merinas”, “lo importante es el caso de Cándido y Morala porque todo lo demás crea desunión”, etc.– y con un manifiesto en el que el papel del Ayuntamiento en la denuncia era inexistente; más adelante asistiremos a la sustitución de los personajes más significados por caras con un perfil menos definido; y finalmente, con la reiteración de que IU-BA nada tienen que ver con la criminalización de la protesta (lástima que no hubiesen pensado en servirse de sus cargos políticos para frenar y denunciar la escalada represiva )…
Pero también asistimos progresivamente al reciclado de algunas personas anteriormente vinculadas a esta mismas organizaciones, y no precisamente como afiliados de base, en nombre de los cuales tanto les gusta hablar. Los perdedores de las batallas internas por el control de IU (Manifiestu, PCA, PCE, críticos y recríticos de CC.OO…) encuentran en espacios como la Plataforma una oportunidad de renovar su capital simbólico: por arte de birlibirloque, algunos pasarán a los puestos de mando, sobre todo durante el encarcelamiento de Cándido y Morala (que en el interior de la misma CSI también dará lugar a más de un “reencuentro fraterno”, eso sí, mucho más efímero).
El papel de estos últimos se hace tanto más importante cuanto mayor es la renuncia a la movilización, más decidida es la apuesta por una salida administrativa y más importantes son los contactos de altos vuelos. Si la solución a la represión se reduce a una cuestión técnica entonces no tiene sentido perder el tiempo en debates políticos de fondo: lo importante es hacer una buena gestión y para eso son insustituibles los profesionales de la “política”.
2.9 Un discurso homogéneo
De diversas maneras, todo lo anterior se encuentra reflejado en la imagen y la retórica que acompaña a la Plataforma.
En primer lugar, nos encontramos con que frente a la diferenciación de las estrategias represivas, asistimos a una uniformización de los discursos que las describen. El estereotipo dominante de la personas represaliadas nada tiene que ver con la mayor parte de los casos existentes, mucho menos con los que están por venir.
Los eslóganes clásicos se trasladan a todo tipo de situaciones sin solución de continuidad. Gritando “más trabajo y menos represión” olvidamos que el trabajo asalariado forma parte de los mecanismos de disciplinamiento, de la misma manera que los cursillos y la formación permanente refuerzan el control sobre quienes deben ser “insertados” socialmente a través del mercado laboral.
La relación con los medios de comunicación no es algo, ni mucho menos, planificado. En cuestión de semanas nos encontramos todo tipo de declaraciones realizadas por las más diversas fuentes “autorizadas”: hablamos de ley antiterrorista, pero para que se la apliquen a los que provocan el “terror”; los encausados rechazan el indulto pero a continuación lo pide la Plataforma…
Por último, la imagen ofrecida no responde a una situación colectiva y no se aprovecha la atención mediática para denunciar lo que sucede fuera de los muros del astillero. Volvemos a encontrarnos con las tautologías: “hay que utilizar la imagen de Cándido y Morala porque son conocidos.” ¿Cómo no lo iban a ser?. De igual modo, esta lógica se extiende a la mayor parte de los portavoces que sirven para un roto y un descosido: muchos han sido, a lo largo de estos años, las caras visibles de distintas plataformas, sobre los temas más variopintos, que desgraciadamente han acabado casi todas ellas con más pena que gloria y todo ello sin que haya un previsible relevo generacional a la vista en el futuro.
Groucho Marx
2.10 Dificultades para evaluar nuestra actividad
No faltará quien piense que lo escrito hasta el momento es un tanto exagerado y que, después de todo, se han organizado movilizaciones importantes que han sacado a los compañeros de la cárcel.
Sin embargo, nosotras creemos que uno de los principales problemas es nuestra incapacidad para valorar nuestra actividad sin hacer simplificaciones del tipo: “pese a los errores, la acción de la Plataforma es positiva”. Vistas así las cosas, de manera descontextualizada, hasta los pantanos de Franco eran positivos porque, al fin y al cabo, recogían agua.
Esta última analogía no está del todo fuera de lugar. Lo que venimos haciendo desde distintos tipos de iniciativas, plataformas y campañas es recoger el agua, sin preocuparnos demasiado con lo que sucedía a nuestro alrededor (desertización de los movimientos sociales, culto a la personalidad, obrerismo postizo…) y sus implicaciones (ausencia de un relevo generacional, incapacidad de articular propuestas contrahegemónicas…).
En las manifestaciones se visibilizó un caudal de solidaridad que hubiese existido a poco que nos hubiésemos preocupado de recogerlo. Las movilizaciones se relacionan con un contexto social que no se forja en menos de un año. No podemos subirnos a los hombros de luchas anteriores para apuntarnos los méritos y atribuir todo lo demás a la acción represiva del Estado. Ni todo lo que no hemos conseguido se explica por las limitaciones de la Plataforma, ni todo lo que se ha hecho responde únicamente a sus iniciativas.
La euforia generalizada e incontenida tras la excarcelación
provisional de Cándido y Morala sólo se justifica si olvidamos cómo llegaron
allí. Estamos contentos porque sentimos el calor que nos da el quemar los
muebles, olvidando que con esto estamos alimentando el incendio de nuestra
propia casa.
La perfección no es nuestro fuerte
Billy Wilder
3. “Los Otros”
La dificultad para evaluar las propias prácticas no se reduce únicamente al ámbito de la Plataforma, ni mucho menos, sino que forma parte de una cultura que nos impregna a todas. Un elemento central de esta cultura se encuentra en la disociación entre lo que decimos, lo que hacemos y lo que decimos que hacemos. En general sufrimos una hipertrofia del lenguaje, como se puede comprobar al leer este documento. Somos capaces de decir más cosas de las que podemos hacer. Nuestro lenguaje no se adapta ni a nuestras necesidades ni a nuestra capacidad de intervención. Lejos de ser una herramienta que abre caminos, el lenguaje se convierte en arma arrojadiza en una guerra de trincheras de algodón.
Para invertir esta dinámica tenemos que huir del pensamiento que no se piensa a sí mismo. En este sentido, las personas que componemos Calecer creemos necesario valorar nuestra actividad, empleando los mismos términos que en el resto del documento, insertándola en el contexto de las diferentes sensibilidades que se han mostrado críticas con la Plataforma o se han mantenido al margen de su actividad. Entre todos componemos el espacio de “los otros”: formas de intervención etéreas, incapaces de constituirse a sí mismas y de animar una dinámica de luchas diferenciada.
A lo largo de estos meses, Internet permitió la emergencia de cierto descontento que no hizo aparición en otros espacios como asambleas, actividades de calle o, sencillamente, muros de los edificios; quizás porque desmarcarse de la dinámica general en un caso como éste suponía un riesgo considerable de convertirse en un paria social y de menoscabar el capital simbólico de cualquiera.
Así nos hemos encontrado con todo tipo de textos en los medios de contrainformación. Dejando a un lado los comunicados de rigor –que sirven para cualquier cosa menos para comunicar– y las celebraciones autocomplacientes, cabe destacar la existencia de textos críticos como “El amargo triunfo del sindicalismo” publicado por el Local “Casa María”, tanto por su contenido como por las reacciones desatadas (incluidas la de quienes lo ignoraron).
Si no prestamos demasiada atención al tono enfant terrible del texto, encontramos afirmaciones sobre las que merece la pena reflexionar, las compartamos o no. Sin embargo, lo que nos interesa es que constituye un buen ejemplo de la impotencia que distintos sectores hemos demostrado –desde distintas perspectivas– a la hora de plantear otro camino; es más, a menudo el cuestionamiento realizado tenía importantes puntos de acuerdo con lo que se pretendía cuestionar. Y es que, si Guy Debord levantase la cabeza se volvería a suicidar al ver convertida la crítica del espectáculo en el espectáculo de la crítica.
En primer lugar, consignas del tipo “todos se han perdido menos yo” dan cuenta del nivel de autorreferencialidad alcanzado por quienes denunciamos las vanguardias de viejo cuño. Como buenos fariseos de la izquierda “progre” –más o menos maleducada– seguimos empeñados en dar “las gracias al señor por no ser como el resto”.
La estructura del texto reproduce al dedillo los consejos de los cursos CCC (el mismo que utilizamos para escribir este documento): encabezado entre cultureta, críptico y provocador; desarrollo en “clave de soul” (por aquello del lamento de los esclavos impotentes ante la realidad que les rodeaba); y, por último, cierre lapidario con consignas propias de un anuncio de L’Oréal “porque yo lo valgo”. Llegamos a un punto en el que lo de menos es el significado de las frases, lo importante es apelar a nuestro público (en el caso de Calecer tenemos el problema añadido de no saber quién es, aparte de nosotras mismas).
Lo mismo que los “malos artistas” parece que seguimos abonados a conseguir nuestros cinco minutos de fama. De la mano del “antes muerta que sin silla” cada cual hace acto de presencia allí donde puede. Da lo mismo colgar un texto en Internet que una pancarta en el balcón del Ayuntamiento: en todo caso es algo que no pasa de ser testimonial.
Las simplificaciones se intercalan en análisis bastante lúcidos. Así no dejamos de arrojar discursos a menudo contradictorios que facilitan el que todo siga como está. Como alguien apuntaba en un foro de Internet: “Si los encarcelan, es para convertirles en mártires; si no les encarcelan, se demuestra que estaban compinchados con el sistema. Si les meten en la cárcel pero les tratan bien, también son malos ¡el revolucionario tiene que exigir que le peguen y le aíslen!; si les sacan, porque han sido unos blandos y han pasteleado con el Estado. Si militan y dan la cara, que van de líderes; si no militan, que no hacen nada.” Este comentario no deja de ser una simplificación, pero las simplificaciones también son necesarias para confrontarnos con nuestro propio discurso.
Por último, no se plantean líneas de fuga respecto a lo que está sucediendo. Si, aquí y ahora, hablar de movilización de masas suena a “alucinación ahistórica”, sentencias del tipo “hemos desenterrado el hacha de guerra y no lo vamos a enterrar” recuerdan a un anuncio de la Playstation. Con consignas de todo o nada podremos demostrar lo malos que somos, pero seguiremos sin escapar a la fase religiosa del proletariado.
Hasta aquí algunos de los elementos comunes a quienes formamos parte de “los otros”. Entrando a valorar más concretamente el papel desempeñado por Calecer (si es que llegamos a tener alguno…) podríamos decir que algo habremos hecho bien. Sin embargo, este tipo de afirmaciones no nos valen, como antes no nos sirvieron para analizar el papel de la Plataforma, porque hasta un reloj parado indica bien la hora al menos dos veces al día.
Como ya hemos señalado, quienes formamos parte de Calecer nos encontramos abocados desde el comienzo a una situación no deseada. Si nuestra intención era la de impulsar un nuevo marco que articulase diferentes perspectivas en torno a la represión, acabamos constituyendo una sigla más, en buena parte a causa de nuestras propias limitaciones. Si lo que queríamos era un espacio de encuentro amplio, sin etiquetar, terminamos por reforzar una identidad “corporativa” para poder seguir defendiendo nuestras propuestas iniciales. Alguien podrá pensar ¿y cuál es el problema? Si lo importante eran las propuestas, ¿el formato será lo de menos? Para nosotras la forma es contenido. Por eso dedicamos tanto tiempo y tantas reuniones a una propuesta que finalmente no cuajó.
A lo largo de este año y medio hemos organizado varias actividades de debate en torno a los ejes temáticos que recorrían, desde nuestro punto de vista, la “represión”: conflictos laborales y represión sindical; especulación urbanística y desmantelamiento del mundo rural; fascismo social y auge del neonazismo español; seguridad ciudadana y militarización de la sociedad; reivindicaciones culturales e identidad asturiana; y, finalmente, la criminalización de la protesta social. También elaboramos diversos borradores abiertos a la discusión sobre estos mismos ejes. Sin embargo, el resultado final fue el contrario del deseado: no sólo no se consideraba nuestra presencia en determinados debates, sino que en algunos espacios fue vetada abiertamente.
Por último, en las movilizaciones quizás logramos evitar el
papel de palmeros, pero no el de comparsa o chirigota, a pesar de desplegar
pancartas y repartir panfletos con propuestas que trataban de ampliar el marco
de denuncia y acción.
4. Algunas propuestas de trabajo
A pesar de las dudas expuestas hasta el momento, seguimos pensando que es necesario y posible abrir un espacio de lucha contra la represión que escape a las dinámicas señaladas. Por ello, nos gustaría recoger algunas de las propuestas que venimos realizando en los últimos meses y que, implícitamente, aparecen en el análisis desarrollado.
De manera sintética, las siguientes ideas podrían servirnos como criterios para articular ese espacio:
- Elaborar un diagnóstico colectivo que, partiendo de la vivencia de la represión y la criminalización, radiografíe los principales conflictos que atraviesan la sociedad asturiana.
- Acercarse a diferentes sectores ofreciendo un verdadero espacio de solidaridad recíproca, comenzando por quienes están sufriendo la represión a día de hoy, pero sin perder de vista a quienes la sufrirán mañana, además de los que la sufrieron ayer.
- Ampliar la concepción de lo que entendemos por represión. La represión no es algo del pasado, de los tiempos del franquismo, sino el pan de cada día de cientos de personas que ven cómo, en Asturias y el Estado español, son pisoteadas sus libertades y derechos en nombre de una supuesta seguridad pública que encubre otras inseguridades, mucho más reales, a las que nos empuja el llamado “Estado de derecho”: el desempleo, la emigración forzosa, la especulación urbanística, la inestabilidad de nuestras vidas para que unos pocos se mantengan estables en los puestos de mando.
- Señalar objetivos políticos claros para evitar esquizofrenias en las que quienes nos reprimen en un lado nos apoyan en el otro sin despeinarse, ya que la unidad que sirve es la que nos une en la lucha.
- Organizar respuestas que vayan más allá de los casos concretos, que garanticen una continuidad en la denuncia, además de la obstrucción de los mecanismos de control y represión de la protesta social.
- Recuperar formas de movilización dejadas a un lado en aras de la unidad: dañar la imagen corporativa de los responsables de la represión; presionar en los plenos de los ayuntamientos y en delegación del gobierno español, sedes de partidos; irrumpir en eventos públicos...
- Establecer un calendario de movilizaciones que recoja las diferentes problemáticas. La afluencia del turismo o el inicio del curso escolar abren coyunturas que nos permiten visibilizar las distintas caras de la represión.
- Construir una imagen pública colectiva que escape de la personalización de los conflictos y de la dependencia de los medios de comunicación convencionales.
- Cuidar y agilizar la toma de decisiones colectivas. Además de las asambleas, los grupos de trabajo y discusión pueden ayudarnos a multiplicar las iniciativas, sin por ello perder capacidad de incidencia en momentos puntuales.
- Establecer una red de apoyo jurídico abierta a cualquier persona que sufra la represión, que facilite la construcción de un acervo de autodefensa legal colectivo a través de charlas y talleres.
- Encontrar formas de solidaridad económica que no sean meramente coyunturales y, lo que es más importante, que sean verdaderamente colectivas. La recaudación no sólo es una cuestión técnica, sino una herramienta de trabajo político que no se puede reducir a la apertura de una cuenta corriente.
Algunas de estas ideas podrían concretarse en los próximos meses a través de las siguientes propuestas que hemos venido proponiendo desde hace tiempo:
1. Wellcome Asturies, paraísu la represión
El reparto de información en los puntos de entrada de Asturies o espacios frecuentados por el turismo puede darnos pie a cuestionar la imagen del paraíso natural que incluso nosotras hemos interiorizado. Y esto es algo que podemos hacer no sólo durante el período estival.
Así, por ejemplo, actividades como “los trapos sucios de la represión”, realizada a lo largo de los meses de julio y agosto son útiles para comenzar a visibilizar los diferentes casos de represión a partir de un grupo reducido de personas. Además, la celebración de conceyos abiertos a lo largo de les actividades rescata la importancia de reconciliar los debates y la toma de decisiones con las acciones y la participación directa.
2. Conceyu Abiertu internacional sobre la criminalización de la protesta social
El hecho de tomar como espacio de referencia Asturies, tanto para pensar nuestra realidad como para intervenir ella, no supone ningún obstáculo para comprender el amplio alcance de las políticas de control y represión, más bien al contrario. Una forma de dar cuenta de la importancia de la lucha contra la represión podría ser la organización de unos encuentros que se desarrollasen a lo largo de los próximos meses. No sólo se trataría de dar a conocer los casos de represión en otros lugares, sino de compartir experiencias y vínculos para construir una caja de resonancia que amplifique nuestras denuncias..
Lo que sería necesario, por no decir imprescindible, es que
dicho encuentro partiese de una idea fuerza que diese sentido y coherencia al
evento (tal vez la anteriormente mencionada de Welcome Asturies paraisu de la
represión ); además de que pudiese servir como leiv motiv de una campaña de agitación y propaganda hasta su
celebración con la finalidad de que pudiese calar socialmente. Esta es la única
manera de generar la sensación de que los distintos casos, independientemente
de cómo sean abordados, forman parte de una misma lógica común
3. Archivo de documentación y denuncia
Una herramienta útil podría ser un archivo de referencia donde se vayan recogiendo los distintos casos y al que la gente pueda dirigirse para denunciar las situaciones de represión. Por ejemplo, una página Web serviría como mecanismo para socializar lo que esta pasando a nuestro alrededor y facilitar el trabajo de la memoria colectiva. Sin embargo, esta página debería articularse a través de medios de contrainformación como Glayiu u otros. Por un lado facilitaría su difusión; por otro, reforzaría mecanismo de comunicación que nos ofreciese un mayor grado de independencia. Además, si se inserta dentro de un proyecto colectivo tendremos más garantías de continuidad.
Todo esto sin perjuicio de elaborar algún tipo de dossier escrito o la posible realización de talleres que pudiesen utilizarse a la hora de trabajar con los medios de comunicación, tratando así de minimizar la más que posible manipulación informativa a la que nos tienen acostumbradas
4. Oficina de defensa jurídica
A la luz de los últimos acontecimientos, consideramos cada vez más urgente el ir poniendo los primeros pilares para construir un acervo de autodefensa legal que nos posibilite, tanto individual como colectivamente, enfrentar la represión con las máximas garantías posibles.
Por todo ello entendemos necesario cuestiones como:
- La búsqueda de asesoramiento legal acerca de cuestiones relacionadas con la Ley antiterrorista, nueva Ley del menor, Ley integral contra la violencia de género, Ley de extranjería, reforma del código penal, nueva Ley de enjuiciamiento penal…
- Difusión de un manual básico acerca de los derechos que se tiene en caso de detención, explicando las diferentes estrategias represivas, normas de seguridad personal en las acciones de protesta, resistencia activa no violenta
- La coordinación de la cuestión jurídica es fundamental para garantizar no sólo la defensa legal de las personas represaliadas, sino también la coordinación de la denuncia política. Podríamos facilitar un número de teléfono o establecer un día de la semana para que las personas sepan a dónde dirigirse y quién puede defenderlas en situaciones de represión.
5. Espacio de coordinación económica
Para realizar todo este trabajo de solidaridad con las personas represaliadas es necesario la recogida regular de fondos para poder financiarlo, además de otro tipo de iniciativas económicas como bonos de apoyo, conciertos venta de materiales, etc.
Lo que no parece muy normal es que con cada nuevo caso represivo haya que partir casi desde cero, con las dificultades que esto conlleva a la hora de poder ser operativos
Se hace necesario un espacio de coordinación económica (caja de resistencia o similar), bien sea partiendo de los ya existentes (FUSOA, Plataforma, etc.) o de la creación de uno nuevo que pudiese cumplir ese papel.
Esta campaña económica debería pensarse teniendo en consideración los diferentes sectores sociales a los que nos podemos dirigirnos. Por ejemplo, no es lo mismo la recaudación por los bonos de apoyo que lo que se podría obtener de las celebración de un concierto, ya que no van dirigidas al mismo tipo de personas.
Por otra parte, la búsqueda de garantías en cuanto a la seguridad de los fondos recaudados es siempre difícil de abordar, pero no tiene por que ser un obstáculo insalvable. Seguramente hay otras cuestiones de funcionamiento que habrá que solventar, pero es un tema lo suficientemente delicado para tratarlo sin prisa pero también sin pausa.
Estas son tan sólo unos breves esbozos de ideas que pueden servirnos para poder abrir una dinámica en la que nosotras recuperemos la iniciativa, creando espacios y prácticas verdaderamente contrahegemónicas y, en definitiva, para no acabar dándole cuerda a determinadas luchas que, en sí mismas, pensamos que constituyen una vía muerta.
Entendemos que es posible abrir una nueva etapa en la lucha antirrepresiva que huya de la personalización de la represión, de la desvinculación de las problemáticas, de la capitalización del rechazo más inmediato que produce… Pero para ello es necesario, sin los agobios y urgencias que nos atenazaban hasta este momento, repensar el trabajo realizado aprovechando todo lo positivo, que sin duda ha existido, pero también tomando nota de los errores para así tratar de no repetirlos.
Los casos pendientes, como el juicio a las personas detenidas en Cangues o el proceso contra Fernando, y el contexto general en Asturies son lo suficientemente preocupantes como para conferirle a la lucha contra la represión un protagonismo real y colectivo. Este es el enfoque, aunque sea con otras propuestas, que creemos necesario debatir e impulsar desde Calecer, enfoque que, por supuesto, esperamos poder compartir colectivamente.
Calecer (Coleutivu asturianu escontra la represión y poles llibertaes)